
(…) Muchos de nosotros, con edad suficiente para haber vivido en los sangrientos años cuarenta, podemos recordar vívidamente la facilidad con la cual los disturbios que antecedieron a la partición (de la India) se alimentaron de los contrastes de identidad que acababan de ser creados, que transformaron a amigos de antes en nuevos enemigos, y convertieron a asesinos en camaradas putativos. La carnicería que sobrevino luego tuo mucho que ver con la imposición de una nueva identidad, carente de humanidad razonada o de una elección derivada de la reflexión.
Carnicerías similares han venido ocurriendo más recientemente en el mundo en Ruanda, Congo, Bosnia, Kosovo, y en otros lugares, bajo el hechizo de identidades recién impuestas. Por ejemplo,amplificar en forma dramática la presunta gravedad de la línea divisoria entre, digamos los Hutus y los Tutsis (“Nosotros, Hutus, siempre hemos odiado a los Tutsis”), mientras se obvian otros principios de clasificación vinculados con, por ejemplo, clase, ocupación o ubicación.
Amartya Sen
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